Cosa de locos: Vigilia por 72 viviendas y 43 cocheras.

Por Gustavo López

Una larga fila de gente que empezaba en las puertas del Banco Hipotecario de Fernández Crespo y terminaba sobre la vereda de la calle 18 de julio, con sillas plegables, mate y bizcochos, mantas y algún fueguito para aguantar el frío durante los tres días, era el paisaje que se podía ver el fin de semana por los distintos canales de televisión, en sus informativos centrales. Para unos, el objetivo era poder llegar a conseguir una vivienda a precio accesible mientras que, para otros, la cosa consistía en conseguir un lugar barato para que pueda dormir uno de los baluartes más preciados de los sectores medios: el automóvil. Más de uno se hizo de algún pesito haciéndole el aguante a otro, porque los pobres tienen eso, están allí para sacar del apuro a los sectores que claman por la inimputabilidad de los menores infractores.

“La alternativa era: traíamos estufas o les dábamos números” dijo Jorge Polgar, Presidente del BHU (eso es tener sentido social), el sábado 13 de junio, a los periodistas que preguntaban acerca del impacto público que estaba ocasionando la “ganga” que ofrecía el organismo. 72 viviendas y 43 cocheras era el botín de la subasta del lunes 15 de junio. Los números siempre fueron más baratos que las estufas, sean éstas a gas o eléctricas. ¡Miré si encima las roban!

La cola empezó el viernes 12 de junio a las 8 de la mañana para poder alcanzar un lugarcito privilegiado el lunes 15 a las 13 horas, apenas se abrieran las puertas. Con viviendas y cocheras valoradas a precio de mercado, el BHU se lanzaba a un exitoso plan de negocios. Con unidades que estaban paradas desde hace un buen rato -dos, tres años-, tenían un gasto enorme, según palabras del jerarca, se lograba dar respuesta a la demanda insatisfecha de una parte de la población.  Con una seña del 20 % del valor más una financiación a 25 años y con una tasa del 6 % se accedía a la “promo”. Toda la parafernalia se parecía más una promoción del “Geant” que a una planificación de soluciones para la problemática habitacional.

“La cuota es más baja que pagar un alquiler”, indicó una de las personas que hacían la cola. La verdad de las cosas es que se está vendiendo la inversión pública (nada más ni nada menos)  que tiraron por la ventana administraciones anteriores. Sigue siendo plata que invirtió el viejo Banco Hipotecario. Hoy, para el nuevo Banco, estas unidades son un clavo porque no la pueden ofrecer al “valor original” porque no lo colocan ni en el año 2050, entonces necesitan aggiornar su patrimonio. ¿Se seguirán aportando fondos públicos a un organismo que da créditos en UI, a una tasa del 6%, cuando todo el mundo sabe que a la larga buena parte de estos nuevos clientes no podrán pagar? Seguimos sin mostrar interés en discutir una política de vivienda que atienda la totalidad del problema.

Giuria, ex director del organismo, opino de manera favorable (menos mal) acerca del procedimiento de entregar las viviendas según el orden de llegada. Lo que no menciono fue cómo y de qué manera se entregaban las viviendas durante su administración. Eso sí, subrayó la importancia que le asigna a que la preferencia la tengan los ahorristas. Lo único que nos falta es que los medios entrevisten a Julián Pereyra (mientras hace juicios al Estado) para saber su opinión (juego democrático) acerca de estas largas colas. Así están las cosas.

Jubilados con buenos ingresos, empleados medios, oficinistas con cargo, cuentapropistas, tuvieron una solución rápida a sus necesidades habitacionales y también de garaje ¿Por qué no?  Pero todo tiene su esfuerzo, había que dormir afuera (eso es sacrificio) para aprovechar una ocasión quizá irrepetible. Si el plan en materia de vivienda que llevará adelante el BHU es a través de los “ofertones” la cosa se vuelve preocupante. No tenemos una política habitacional clara para los sectores más jodidos de la sociedad y  tampoco para los otros. ¿La banca privada aceptará que el Banco público siga con estas políticas?

Nos preocupa la liviandad con que se define el rumbo de determinadas carteras. Mientras se regalan hipotecas a precio de mercado aún hay muchos deudores que siguen con la espada en la cabeza por los precios que impuso en su momento el viejo banco. Si éstos miran con detenimiento los números, notarán que las unidades que ellos “compraron” en su momento a 4000 UR hoy salen a la calle a 2500 UR (Constituyente y E. Acevedo) Muchísimas hipotecas que antaño eran consideradas comerciales quedaron, luego de una larga discusión, bajo la administración de la ANV con una clara visión social del problema (Plan Fénix).

Nosotros pensamos que a la larga, lo más sano sería, tener un solo organismo que defina sobre políticas habitacionales (ANV-MVOTMA-BHU) mezclados entre sí, porque no hay manera de separar lo público de lo privado. Las soluciones habitacionales pueden tener muchas formas pero a la hora de invertir dineros públicos éstos deberán contar con un férreo control por parte del Estado. De no ser así corremos el riesgo que la historia vuelva a repetirse. Si bien estamos atravesando un año electoral no es bueno generar efectos mediáticos con situaciones que están muy lejos de aportar soluciones definitivas.

Si realmente se quiere evitar la especulación y el lucro con la vivienda lo primero que se debe hacer es regular el mercado de alquileres.  Si no se toman medidas sobre esa realidad todo lo demás se transforma en una gran feria de barrio, oferta y demanda mediante, en donde se juega con las necesidades de la gente. Nos preocupa la incidencia que tiene todo esto sobre los sectores más humildes. Uno de los clientes que se sacrificó haciendo la cola compró al contado dos apartamentos con cochera. ¿Será para vivir más cómodo o para hacerse algún pesito alquilando la bagatela que le vendió el Estado?

Pensemos un poco más en los impactos sociales que generan ciertas políticas porque, de repente, estamos beneficiando al lobo y dejando al cordero acorralado.

COVIPRO-CH - Cosa de locos: Vigilia por 72 viviendas y 43 cocheras

Cosa de locos: Vigilia por 72 viviendas y 43 cocheras.

Por Gustavo López

Una larga fila de gente que empezaba en las puertas del Banco Hipotecario de Fernández Crespo y terminaba sobre la vereda de la calle 18 de julio, con sillas plegables, mate y bizcochos, mantas y algún fueguito para aguantar el frío durante los tres días, era el paisaje que se podía ver el fin de semana por los distintos canales de televisión, en sus informativos centrales. Para unos, el objetivo era poder llegar a conseguir una vivienda a precio accesible mientras que, para otros, la cosa consistía en conseguir un lugar barato para que pueda dormir uno de los baluartes más preciados de los sectores medios: el automóvil. Más de uno se hizo de algún pesito haciéndole el aguante a otro, porque los pobres tienen eso, están allí para sacar del apuro a los sectores que claman por la inimputabilidad de los menores infractores.

“La alternativa era: traíamos estufas o les dábamos números” dijo Jorge Polgar, Presidente del BHU (eso es tener sentido social), el sábado 13 de junio, a los periodistas que preguntaban acerca del impacto público que estaba ocasionando la “ganga” que ofrecía el organismo. 72 viviendas y 43 cocheras era el botín de la subasta del lunes 15 de junio. Los números siempre fueron más baratos que las estufas, sean éstas a gas o eléctricas. ¡Miré si encima las roban!

La cola empezó el viernes 12 de junio a las 8 de la mañana para poder alcanzar un lugarcito privilegiado el lunes 15 a las 13 horas, apenas se abrieran las puertas. Con viviendas y cocheras valoradas a precio de mercado, el BHU se lanzaba a un exitoso plan de negocios. Con unidades que estaban paradas desde hace un buen rato -dos, tres años-, tenían un gasto enorme, según palabras del jerarca, se lograba dar respuesta a la demanda insatisfecha de una parte de la población.  Con una seña del 20 % del valor más una financiación a 25 años y con una tasa del 6 % se accedía a la “promo”. Toda la parafernalia se parecía más una promoción del “Geant” que a una planificación de soluciones para la problemática habitacional.

“La cuota es más baja que pagar un alquiler”, indicó una de las personas que hacían la cola. La verdad de las cosas es que se está vendiendo la inversión pública (nada más ni nada menos)  que tiraron por la ventana administraciones anteriores. Sigue siendo plata que invirtió el viejo Banco Hipotecario. Hoy, para el nuevo Banco, estas unidades son un clavo porque no la pueden ofrecer al “valor original” porque no lo colocan ni en el año 2050, entonces necesitan aggiornar su patrimonio. ¿Se seguirán aportando fondos públicos a un organismo que da créditos en UI, a una tasa del 6%, cuando todo el mundo sabe que a la larga buena parte de estos nuevos clientes no podrán pagar? Seguimos sin mostrar interés en discutir una política de vivienda que atienda la totalidad del problema.

Giuria, ex director del organismo, opino de manera favorable (menos mal) acerca del procedimiento de entregar las viviendas según el orden de llegada. Lo que no menciono fue cómo y de qué manera se entregaban las viviendas durante su administración. Eso sí, subrayó la importancia que le asigna a que la preferencia la tengan los ahorristas. Lo único que nos falta es que los medios entrevisten a Julián Pereyra (mientras hace juicios al Estado) para saber su opinión (juego democrático) acerca de estas largas colas. Así están las cosas.

Jubilados con buenos ingresos, empleados medios, oficinistas con cargo, cuentapropistas, tuvieron una solución rápida a sus necesidades habitacionales y también de garaje ¿Por qué no?  Pero todo tiene su esfuerzo, había que dormir afuera (eso es sacrificio) para aprovechar una ocasión quizá irrepetible. Si el plan en materia de vivienda que llevará adelante el BHU es a través de los “ofertones” la cosa se vuelve preocupante. No tenemos una política habitacional clara para los sectores más jodidos de la sociedad y  tampoco para los otros. ¿La banca privada aceptará que el Banco público siga con estas políticas?

Nos preocupa la liviandad con que se define el rumbo de determinadas carteras. Mientras se regalan hipotecas a precio de mercado aún hay muchos deudores que siguen con la espada en la cabeza por los precios que impuso en su momento el viejo banco. Si éstos miran con detenimiento los números, notarán que las unidades que ellos “compraron” en su momento a 4000 UR hoy salen a la calle a 2500 UR (Constituyente y E. Acevedo) Muchísimas hipotecas que antaño eran consideradas comerciales quedaron, luego de una larga discusión, bajo la administración de la ANV con una clara visión social del problema (Plan Fénix).

Nosotros pensamos que a la larga, lo más sano sería, tener un solo organismo que defina sobre políticas habitacionales (ANV-MVOTMA-BHU) mezclados entre sí, porque no hay manera de separar lo público de lo privado. Las soluciones habitacionales pueden tener muchas formas pero a la hora de invertir dineros públicos éstos deberán contar con un férreo control por parte del Estado. De no ser así corremos el riesgo que la historia vuelva a repetirse. Si bien estamos atravesando un año electoral no es bueno generar efectos mediáticos con situaciones que están muy lejos de aportar soluciones definitivas.

Si realmente se quiere evitar la especulación y el lucro con la vivienda lo primero que se debe hacer es regular el mercado de alquileres.  Si no se toman medidas sobre esa realidad todo lo demás se transforma en una gran feria de barrio, oferta y demanda mediante, en donde se juega con las necesidades de la gente. Nos preocupa la incidencia que tiene todo esto sobre los sectores más humildes. Uno de los clientes que se sacrificó haciendo la cola compró al contado dos apartamentos con cochera. ¿Será para vivir más cómodo o para hacerse algún pesito alquilando la bagatela que le vendió el Estado?

Pensemos un poco más en los impactos sociales que generan ciertas políticas porque, de repente, estamos beneficiando al lobo y dejando al cordero acorralado.